Tradicionalmente, cuando pensábamos en fisioterapia tras un daño cerebral adquirido, como puede ser un ictus o un traumatismo craneal, nos venían a la mente estiramientos, masajes o movimientos pasivos. Pero hoy sabemos que hay un elemento indispensable para la recuperación que no puede faltar: el entrenamiento.
Y es que, tras un daño cerebral, vamos a poder observar una serie de alteraciones en la musculatura. Una de ellas, es la espasticidad (un aumento patológico de la tensión del músculo, provocando que este esté rígido y duro, limitando e incluso impidiendo la movilidad). Para entender por qué se produce, tenemos que pensar en el cerebro como una centralita eléctrica y los nervios son los cables. Si el cable se daña, la señal llega «con ruido» y el músculo responde contrayéndose (o en otros casos, quedándose flácido). Sin embargo, solo con estirar esta musculatura tensa no se consigue nada, ya que está más débil de lo normal y tras el estiramiento volverá a su posición habitual, como forma de protegerse.
Estudios de referencia (como Brazzelli u Oberlin) y organizaciones como el Colegio Americano de Medicina del Deporte demuestran que el entrenamiento de fuerza y aeróbico no solo es seguro, sino beneficioso e insustituible. Mejora la capacidad cardiorrespiratoria, redefine la marcha y es la herramienta más potente contra la osteopenia (pérdida de masa ósea), la sarcopenia (pérdida de masa muscular) y la fatiga neurológica. No buscamos estética. Buscamos la fuerza necesaria para levantarse de una silla, mantener el equilibrio o recuperar el control de un brazo para el día a día. Buscamos autonomía.
Además, no vale con realizar el entrenamiento 1 o 2 días a la semana, si no que la ACSM nos habla de una frecuencia de unos 3-4 días de ejercicio de intensidad alta, y con actividad física de intensidad moderada-baja prácticamente todos los días. En definitiva, lo que necesitamos es romper con el sedentarismo.
Pero en neurología no existen las recetas generales. Y aquí es donde la figura del fisioterapeuta es insustituible. Somos los profesionales sanitarios que unimos el conocimiento profundo de la patología con la ciencia del ejercicio terapéutico. Solo un fisio sabe cómo adaptar la carga, la intensidad y el tipo de movimiento al milímetro para cada paciente.
Es por ello, que tras un ictus tu actividad física no debe cesar, si no ser adaptada a tus necesidades y capacidades.
Cada pequeño movimiento que hagas hoy, es una victoria que construye un mejor mañana
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